Ya sea de forma automática o manual, la limpieza de la vajilla y la cubertería es una tarea muy exigente. Se espera que los platos brillen y estén higiénicamente limpios, a ser posible en muy poco tiempo y sin importar el tipo y la dureza de los restos.
En función de la aplicación, se necesitarán productos que presenten una elevada compatibilidad con la piel, un nivel espumante alto o bajo, etc. En Zschimmer & Schwarz disponemos de una gran gama de ingredientes para formular lavavajillas tanto manuales como automáticos. Consulta a nuestro equipo si quieres conocer la gama completa y recibir asesoramiento individualizado.




En el lavado manual de vajilla, los consumidores suelen equiparar la espuma con el poder limpiador. Por ello, se prefieren tensioactivos altamente espumantes para formular los productos de lavado manual de vajilla.
El proceso de limpieza en un lavavajillas automático requiere tensioactivos de baja espuma.
Los tensioactivos hidrotrópicos mejoran la solubilidad de los tensioactivos no iónicos en formulaciones alcalinas o ricas en electrolitos, como los detergentes para lavavajillas.
Los aceites perfumados o los solventes hidrófobos pueden solubilizarse si utilizas el producto adecuado.
Dependiendo del tipo de producto, el sistema de dosificación y la aplicación, la viscosidad de un limpiador debe estar dentro del rango «adecuado» y, por lo tanto, debe reducirse o aumentarse.
Desengrasar significa eliminar por completo la suciedad hidrofóbica (por ejemplo, aceites y grasas). Para ello, los tensioactivos no iónicos son una buena opción, ya que proporcionan un alto poder de disolución de grasas.
La humectación de la suciedad y las superficies es el primer paso del proceso de limpieza y, por lo tanto, muy importante. Los tensioactivos especiales con buenas propiedades humectantes aceleran el proceso de limpieza.
Lavar los platos significa eliminar primero la suciedad de la superficie y, posteriormente, dispersar todos los componentes de la suciedad en agua para evitar que se vuelvan a depositar en los platos. Los detergentes para lavar la vajilla deben contener tensioactivos capaces de emulsionar eficazmente los principales componentes de la suciedad (aceites y grasas).
Las superficies metálicas pueden resultar dañadas por los limpiadores ácidos y los abrillantadores. Los tensioactivos con propiedades anticorrosivas pueden prevenir la corrosión durante el proceso de limpieza.


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