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Diferencias químicas en los test de COVID-19

13.05.2021 | Desmintiendo mitos

Diferencias químicas en los test de COVID-19

Ya hace más de un año que convivimos con el coronavirus que ha puesto nuestro mundo patas arriba. Y, a pesar del tiempo pasado, todavía sigue habiendo muchas dudas sobre aspectos esenciales de esta pandemia. Sin ir más lejos, las diferencias entre los tipos de test del coronavirus siguen generando una gran confusión, dando lugar en muchos casos a un uso incorrecto de ellos.

Principales tipos de test del coronavirus

Cada una de las pruebas del coronavirus tiene sus pros y sus contras, por lo que es importante distinguir los test de COVID-19. Debemos ser capaces de entender cómo funcionan y para qué sirven con tal de usarlos correctamente y obtener resultados en los que podamos confiar.

Además de en su forma de aplicación y funciones, las diferencias entre los test COVID-19 alcanzan sus aspectos más íntimos. Como te explicamos a continuación, son sutilezas químicas las que les dan sus propiedades distintivas.

Prueba PCR

Ya tenemos todos en la cabeza la imagen con el bastoncillo (llamado en realidad hisopo) introduciéndose en la nariz o la garganta, imagen que asociamos directamente con la pandemia. Y es que para llevar a cabo la prueba PCR es necesario extraer una muestra de las mucosas del paciente.

Para comprobar la presencia del virus, la muestra debe someterse a temperaturas extremas y a cambios químicos. El coronavirus se fracciona en proteínas y ácidos nucleicos y la prueba PCR detecta el material genético del virus. No obstante, no es tan sencillo ya que este test solo puede identificar el ADN y el genoma del coronavirus es de ARN. Por esta razón, la PCR utiliza una enzima llamada polimerasa que, mediante una reacción en cadena, convierte el ARN en ADN.

La prueba PCR es la que mayor fiabilidad tiene, superior al 90 %. Al basarse en la detección de la información genética este test permite saber si el coronavirus está en tu organismo aunque no hayas desarrollado la enfermedad, o aunque en el momento de la prueba no tengas síntomas.

Los inconvenientes de la prueba PCR tienen que ver con el tiempo y la dificultad ya que es necesario que la realice personal cualificado en un laboratorio y los resultados no son inmediatos: tardan entre 3 y 6 horas.

Test rápido de COVID-19

Por otro lado, existen los que se conocen como test rápidos, cuyos resultados se obtienen en minutos. Hay dos tipos de pruebas, el test de anticuerpos y el test de antígenos, y cada una de ellas tiene funciones muy diferentes.

Test de anticuerpos de COVID-19

A este test COVID también se le conoce como test serológico y sirve para saber si alguien ha desarrollado anticuerpos del coronavirus. Se trata de proteínas que produce nuestro propio sistema inmunitario como respuesta a la infección. Es decir, este test no detecta el virus en sí, como hace la prueba PCR, sino que identifica los anticuerpos que el paciente ha desarrollado para frenar la enfermedad.

Por lo tanto, su uso principal y recomendado es para personas que se contagiaron de COVID-19 y ya se ha detectado, con una prueba PCR negativa, que han superado la enfermedad. Gracias a los test de anticuerpos, se puede saber si su sistema inmune ha desarrollado defensas contra el virus.

El test de anticuerpos COVID detecta, a través de una muestra de sangre, dos tipos de anticuerpos diferentes: IgM e IgG. Los anticuerpos IgM se desarrollan al principio de la infección y no duran más de un mes. En cambio, los anticuerpos IgG se producen a partir de 14 días y duran mucho más tiempo, meses o incluso años.

La principal ventaja del test de anticuerpos COVID es la velocidad ya que solo se necesitan 15 minutos para saber los resultados. Sin embargo, no es tan fiable como la prueba PCR. De hecho, hay muchos casos de falsos positivos porque hay personas que pueden tener anticuerpos sin que hayan pasado la enfermedad. Además, nuestro sistema inmune puede tardar en desarrollar la cantidad suficiente de anticuerpos para que se detecten en la prueba, por lo que este test tampoco puede hacerse demasiado pronto.

Test de antígenos de COVID-19

Dentro de los test rápidos de COVID-19 también podemos optar por el test de antígenos. En este caso el objetivo sí que es detectar la presencia del virus, al igual que ocurre con la prueba PCR. Sin embargo, no lo hacen de la misma forma.

Llamamos antígenos a las proteínas que se producen cuando hay una infección y que el virus utiliza para adherirse a nuestras células. Como indica su nombre, este test está diseñado para detectar los antígenos del coronavirus y, por lo tanto, nos avisa si estamos infectados.

El funcionamiento es parecido a los test de embarazo. Las muestras, tomadas de la garganta y nariz, se mezclan con un reactivo que libera las proteínas virales. A continuación, se pone sobre un papel que se tiñe cuando detecta proteínas del virus. Esto ocurre porque el papel contiene anticuerpos, que se unen a los antígenos. Por lo tanto, si el papel se tiñe significa que la persona está infectada. Esta técnica, muy habitual en el sector químico y farmacéutico, se conoce como cromatografía.

La principal ventaja de los test de antígenos de COVID-19 es su facilidad de uso, rapidez y bajo precio. Sin embargo, hay que tener en cuenta que tienen una menor sensibilidad y, por lo tanto, pueden dar un resultado negativo a pesar de que el paciente esté infectado.

Por esta razón, los test de antígenos solo son útiles cuando se realizan en el pico de la infección, es decir, cuando la carga viral es más alta. Sin embargo, por este mismo motivo, se consideran muy útiles para identificar a las personas con alta capacidad infectiva, de modo que, utilizados de forma adecuada, son unos grandes aliados para frenar la expansión de la pandemia.

Conclusión

En conclusión, es necesario hacer un uso adecuado de los diferentes tipos de test del coronavirus, ya que cada uno de ellos nos puede dar información muy útil, pero para cuestiones determinadas. La detección del coronavirus sigue siendo indispensable para frenar los contagios, así como las medidas de precaución y, más que ninguna otra acción, la vacunación.

Por último, recuerda que disminuir la velocidad a la que se transmite el virus dificulta también que aparezcan nuevas variantes, ya que estas tienen lugar cuando se produce una infección. Por lo tanto, y aunque poco a poco vayamos volviendo a la normalidad, debemos seguir protegiéndonos del virus. No solo por nosotros, sino por el resto de los ciudadanos.

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