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¿Qué sabemos del coronavirus y cómo contribuye la química a la lucha contra la COVID-19?

08.04.2020 | Desmintiendo mitos

¿Qué sabemos del coronavirus y cómo contribuye la química a la lucha contra la COVID-19?

Ante una emergencia sanitaria como la que estamos viviendo, la ciencia es nuestra mejor aliada y debemos apoyarnos en ella para desarrollar medidas que frenen la propagación del coronavirus y tratamientos que curen la enfermedad. El conocimiento es clave y para ello es necesario comprender y analizar los datos que tenemos sobre la COVID-19 y el virus que la provoca: el SARS-CoV-2.

Con tal de contribuir a la divulgación de información científica y contrastada, en este artículo os resumimos los datos ofrecidos hasta ahora por la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio de Sanidad y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

¿Qué es el coronavirus SARS-Cov-2 y cuáles son los síntomas de la COVID-19?

Cuando en diciembre de 2019 la Comisión Municipal de Salud y Sanidad de Wuhan (China) informó de un brote de neumonía de causa desconocida, se identificó el agente causante de esta neumonía como un nuevo virus, denominado posteriormente como SARS-CoV-2. Esta virus pertenece a la familia Coronaviridae y, concretamente, a la subfamilia Orthocoronavirinae.

Este nuevo coronavirus puede producir cuadros clínicos que van desde el resfriado común hasta otros más graves. En el informe de la misión de la OMS en China indican que los síntomas más frecuentes son: fiebre (87,9%), tos seca (67,7%), astenia (38,1%), expectoración (33,4%), disnea (18,6 %), dolor de garganta (13,9%), cefalea (13,6%), mialgia o artralgia (14,8%), escalofríos (11,4%), náuseas o vómitos (5 %), congestión nasal (4,8%), diarrea (3,7%), hemoptisis (0,9%) y congestión conjuntival (0,8%).

Cuando la respuesta inmune no es capaz de controlar el virus, como ocurre en personas mayores con un sistema inmune debilitado, el virus produce daño tisular pulmonar, asociado al síndrome de insuficiencia respiratoria aguda o Síndrome de Distrés Respiratorio del Adulto (SDRA) que se ha descrito como la principal causa de mortalidad por COVID-19. 

¿Cómo se transmite el coronavirus?

Los coronavirus afectan a los seres humanos y a una variedad de animales y se pueden transmitir de animales a humanos. De hecho, se cree que la fuente más probable de la enfermedad es de origen animal.

Transmisión animal-humano

Actualmente los científicos están bastante seguros de que el reservorio del virus es el murciélago, aunque siguen investigando qué animal es el hospedador intermedio, seguramente algún animal vivo del mercado de Wuhan, donde coincidieron los primeros casos con COVID-19. Los estudios filogenéticos revisados hasta ahora apuntan a que seguramente el virus pasó de los murciélagos a los humanos a través de un hospedador intermedio en el que sufrió mutaciones o recombinaciones. Aunque se plantea que este animal pudiera ser el pangolín, todavía no hay ninguna conclusión definitiva.

Los datos recabados hasta ahora también apuntan a que podría haber transmisión de humanos infectados a perros, gatos y hurones, aunque únicamente de forma ocasional. Por otro lado, todavía se desconoce si estos animales pueden infectar a los humanos.

Transmisión humano-humano

La vía de transmisión entre humanos es similar al de otros coronavirus: a través de las secreciones respiratorias de personas infectadas, incluyendo la saliva. El contagio se puede dar por contacto directo con las gotas respiratorias (que pueden recorrer distancias de hasta 2 metros) y con las manos o los fómites contaminados, si acto seguido hay contacto con la mucosa de la boca, nariz y ojos.

Aunque recientemente el virus SARS-CoV-2 se ha detectado en algunas muestras de aire en dos hospitales de Wuhan, hay que tener en cuenta que la mayoría de las muestras fueron negativas o estaban en muy bajas concentraciones. Estas solo eran notables en los baños de los pacientes y en las habitaciones utilizadas para retirar el EPI de los sanitarios, además de que se redujeron los contajes aumentando la limpieza de los baños y reduciendo el número de sanitarios que utilizaban las habitaciones. Todavía no se sabe si la cantidad de virus detectada en el aire sería suficiente para tener capacidad de infección.

Por otro lado, los estudios estiman que el promedio de casos secundarios producidos a partir de un caso, conocido como número básico de reproducción R0, es de entre 2 y 3. No obstante, es común que este valor varíe según avanza una epidemia y que disminuya a medida que se aplican medidas de Salud Pública.

Tratamiento y vacuna para la COVID-19

Actualmente no existe suficiente evidencia científica para afirmar la eficacia de ningún medicamento, tanto para el tratamiento como para la prevención de la COVID-19. Las investigaciones que se han llevado a cabo se encuentran en una fase muy preliminar, por lo que es necesario probar su utilidad clínica en ensayos clínicos debidamente diseñados y autorizados. Por todo ello, la AEMPS no recomienda la prescripción de medicamentos contra la COVID-19 fuera de ensayos clínicos autorizados y en entornos debidamente controlados.

Sin embargo, debido a la gravedad de la situación investigadores de todo el mundo están haciendo grandes esfuerzos por conseguir vacunas y medicamentos que puedan tratar la enfermedad en todas sus fases. Se apuesta por los ensayos clínicos ya que, además de suponer una oportunidad de mejoría para los pacientes, también generan conocimiento para futuros pacientes.

Recientemente la AEMPS ha empezado a distribuir de forma controlada hidroxicloroquina y cloroquina fosfato, después de que algunos estudios asociaran su uso en pacientes con neumonía con unos resultados favorables. Sin embargo, se recuerda que la eficacia de estos tratamientos todavía se está evaluando en varios ensayos clínicos cuyos resultados aún no se han publicado.

Avances químicos contra la COVID-19

La industria química es uno de los principales soportes de la medicina ya que permite el desarrollo tanto de fármacos como de los materiales que requieren los sanitarios.

A lo largo de la historia los medicamentos, los antibióticos y las vacunas han logrado disminuir drásticamente los índices de mortalidad al mitigar los síntomas o incluso eliminar por completo enfermedades. Como habíamos comentado, actualmente se están estudiando diversas moléculas, como la hidroxicloroquina, para tratar el coronavirus. Pero sobre todo son las vacunas las más importantes para activar los mecanismos de inmunización y facilitar la prevención de la enfermedad. Por esta razón, desde la aparición del virus se han puesto en marcha muchas iniciativas con la intención de desarrollar, lo más rápidamente posible, vacunas seguras y eficaces.

En el caso de una enfermedad respiratoria como la COVID-19, el oxígeno que se utiliza para asistir a la respiración y tratar la hipoxia es más importante que nunca. La industria química, además de oxígeno, desarrolla otros gases medicinales con múltiples aplicaciones

Pero, además, la química también contribuye a facilitar el trabajo de los sanitarios y mejorar la atención hospitalaria. Por ejemplo, mediante los productos antisépticos y desinfectantes, gracias a los cuales las intervenciones quirúrgicas se pueden realizar asegurando la ausencia de gérmenes. O, por otro lado, las materias plásticas y las fibras sintéticas que por su capacidad de adaptación, asepsia y alta compatibilidad son muy utilizados para diseñar material hospitalario.

Por último, la química no solo está presente en el entorno hospitalario sino también en nuestro hogar y en nuestra propia piel. Es gracias a los jabones, un compuesto químico producido mediante saponificación, que eliminamos agentes infecciosos de nuestra piel, siendo especialmente eficaces contra los coronavirus. Lo mismo ocurre con la limpieza del hogar mediante diferentes productos químicos de limpieza, detergentes y desinfectantes.

Por todo ello, la química contribuye en gran medida al cuidado de nuestra salud y al incremento de la esperanza de vida. Por todo ello, consideramos necesario dedicar recursos a la investigación científica, de modo que, ante cualquier emergencia sanitaria, estemos preparados.